La leyenda de Akwa ba

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Akwa ba de tela

En un tiempo lejano, entre los Ashanti de Ghana, la chica más hermosa del poblado, que se llamaba Akwa como todas las niñas nacidas en miércoles, no paraba de llorar. La gente no podía entenderlo era la más bonita, casada con el chico más guapo y tenía todo el oro que uno puede desear. Pero para Akwa, la riqueza y la belleza no era lo más importante. Lo que realmente ella deseaba era tener una hija. 

Finalmente fue a consultar al brujo del poblado que le recomendó buscar un pequeño tronco de árbol y tallarlo hasta hacer la figura de una niña. Esta figura tendría que ser tal como ella deseaba que fuera su hija. Akwa, a su vez, tendría que tratarla y quererla como tal. A Akwa le extrañó mucho la respuesta del brujo, pero de camino a casa vio un pequeño tronco de mango y le gustó tanto que se lo llevó. Al llegar a casa empezó a tallarlo siguiendo las instrucciones del brujo. Le hizo una cabeza muy grande con una frente muy alta porque quería que supiera resolver los problemas de la vida. También le hizo un cuello muy largo, símbolo de belleza femenina. De las dos piernas hizo sólo una pero muy fuerte y robusta para que mantuviera los pies en la tierra. Por último, como que la quería niña le hizo dos pechos y una vulva. Ya tenía a su hija...y la empezó a querer y a cuidar como tal. Cada mañana, después de darle el pecho, la ponía dentro del n’toma (pañuelo porta-bebés de África) y se iban a pasear. Si la hija tenía sueño la acunaba cantando hasta dormirla, si lloraba le susurraba hasta verla sonreír, y cada noche la bañaba en la olla más grande que tenía. La abrazaba, la acariciaba y le hablaba cómo lo hubiera hecho con una hija, y lo hacía día tras día, hora tras hora, minuto tras minuto, sin descanso y en todo momento. La gente del poblado se burlaba de ella y empezaron a decir que se había vuelto loca. Pero a Akwa no le importaba y sólo pensaba en cuidar de su hijita y ya no lloraba, y cantaba, y se la veía feliz.

Hasta que un día, a Akwa, le empezó a crecer la barriga...y cada día la tenía más grande...Akwa estaba embarazada y poco tiempo después parió a una niña igual a la que ella había imaginado. Las mujeres y hombres del poblado empezaron a decirle “Wei yɛ Akwa ba” que quiere decir “ésta es la hija de Akwa” y así fue cómo le quedó el nombre de Akwa ba (hija (ba) de Akwa). Al ser una niña tan deseada, actualmente, cuando llegas a Ghana para darte la bienvenida te dicen AkwaAkwaba, que no es otra cosa que Bienvenida. La estatuilla que talló se convirtió en la muñeca de la fertilidad, la fecundidad femenina representa la base de la sociedad Ashanti, es símbolo de la supervivencia y de la continuidad de la comunidad. Las mujeres que quieren quedar embarazadas la llevan consigo y Akwaba las ayuda a cumplir su propósito, protegiendo luego el embarazo y al recién nacido durante los primeros días de vida.

Historia de Akwa ba

Los ashantis de Ghana son una sociedad matrilineal, o sea que la adscripción de un miembro a la familia es por vía materna, el nombre familiar, las propiedades y las herencias provienen de la madre, con lo que la mujer tiene un papel clave en la sociedad. En toda sociedad la fertilidad tiene una gran importancia como también el primer tiempo de vida del recién nacido. Los ashantis tienen su protectora de la fertilidad y del embarazo, es Akwa ba que, a su vez, está representada con el símbolo de la mujer, así como también lo están Tanit (cartagineses), Afrodita (griegos), Venus y Juno (romanos). Todas ellas representadas por dicho símbolo, con pequeñas variaciones, que actualmente recoge el feminismo. Aquí os dejamos la leyenda de Akwa ba que representa todo lo que acabamos de explicar.